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El tejido del deporte del futuro: ¿fibras de la Nasa o textil sostenible?

Cientos de empresas investigan año tras año cómo innovar en el tejido del mundo del deporte. Desde compañías que fabrican hilo hasta las grandes marcas que venden el producto final. Sin embargo, hay una premisa clara en la mayor parte de la industria: el textil debe aportar algo más que diseño. ¿Tecnología? ¿Mejoras aerodinámicas que permitan batir el próximo récord del mundo? Es lo que ya ocurrió con el cambio del material de los bañadores en 2009, cuando el poliuretano llegó para romper los récords conseguidos hasta ahora.

Es un aspecto en el que las grandes marcas invierten muchos recursos, ya sea para tener más amortiguación, mejor impermeabilidad o dar soluciones a los problemas de rendimiento asociados con algunos productos, como el uso de un hijab tradicional para el deporte. En este caso, Nike mejoró el peso de la prenda y transpirabilidad, entre otros.

Rebeccah Pailes-Friedman, profesora del Pratt Institute que ha colaborado con la mayoría de grandes marcas deportivas, señala que “los textiles inteligentes son tejidos que se han desarrollado con nuevas tecnologías que proporcionan un valor agregado al usuario”. “Lo que los hace revolucionarios es que tienen la capacidad de hacer muchas cosas que los tejidos tradicionales no pueden, incluso comunicar, transformar, conducir energía e incluso crecer”, desvela en un informe de su organización.

 

¿Cómo empezó todo? Como explica en la Universidad de Stuttgart el astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) y profesor de la misma, Reinhold Ewald, este tipo de tejidos nace en “los materiales de alta tecnología basados en fibras, que son esenciales en los viajes espaciales cuando se trata de reducir el peso de las cápsulas, ya que cada gramo adicional aumenta los costes. Pero ahora, estos mismos materiales desarrollados para viajes espaciales los podemos encontrar en la vida cotidiana”.

Y solo hay que pensar en Outlast, líder en materiales de cambio de fase (PCM) termorreguladores, que desarrolló este tipo de productos para la Nasa en 2003 y hoy en día esta tela de regulación de la temperatura se puede encontrar en artículos de outdoor, ropa de cama y calzado deportivo. Otra de las empresas que más apuesta por este tipo de innovación es Gore, con la que trabaja Byborre, un estudio holandés de innovación que trabaja con la firma estadounidense.

Borre Akkersdijk, fundador de la compañía, explica que “el futuro de la ropa será equivalente al de los móviles”. Aunque pueda parecer un sin sentido, el emprendedor argumenta que actualmente “el textil se parece a los teléfonos móviles de los años noventa, donde todos llamaban pero simplemente se diferenciaban por el color de la carcasa”.

“Ahora, los teléfonos inteligentes tienen diversas características y muchas funcionalidades, que también se combinan con la apariencia”, destaca, sobre cómo cree que será el futuro del textil en el mundo del deporte. No obstante, todavía queda mucho para que esa realidad se instale como algo normal. “En estos momentos no es barato producir este tipo de tejidos, pero cuando los grandes players adapten este tipo de tecnología entonces las cantidades de producción serán más grandes y se abaratarán los costes”, añade.

 

Los tejidos que fabrica Byborre tienen diferentes aplicaciones, pero en su ADN está buscar la aproximación de tejidos resistentes al agua y que sirvan para ir por la ciudad. Es decir, que entre sus productos se pueden encontrar combinaciones con las axilas de un material de la Nasa y otras partes de fibras más cómodas, por ejemplo.

Entre las grandes marcas que están apostando por este tipo de innovaciones está Asics, que a principios de 2018 adquirió una participación minoritaria en Ai Silk, una start up también japonesa especializada en el desarrollo de tejidos conductores confortables al tacto con la piel. La aportación a la industria de Ai Silk, asociada a la Universidad de Tohoku (Japón), ha sido desarrollar estos materiales textiles que no irritan la piel y absorben la humedad.

“Aunque aún hay muchas barreras, es cierto que estamos investigando este campo con más de cien científicos en nuestro centro de Kobe (Japón)”, señaló el consejero delegado de Asics en Europa, Oriente Medio y África (Emea), Alistair Cameron, en una reciente entrevista con Palco23. Pero la ambición de la marca nipona no se queda ahí, ya que en su programa de aceleración de start ups ha escogido a Pyrates, fundada por la española Regina Polanco. Se trata de una marca de ropa de calle sostenible con tejidos inteligentes y fibras naturales como bambú y algas marinas.

“En la primera colección que intenté lanzar me di cuenta de que no encontraba tejidos que encajaran con mi filosofía de la ropa del futuro”, argumenta la propia emprendedora. “Los tejidos debían aportar funcionalidad, y me centré en la parte más natural de las fibras, como algas o plantas, que aportan un alto nivel de iones negativos cuando está cerca de la piel”, destaca.

La sostenibilidad, clave en la innovación

En opinión de Polanco, “la innovación, más allá de la sostenibilidad, está en los tejidos funcionales y tecnológicos, como estar conectados”. “Nuestra idea no es crear nuevas formas sino combinar los sistemas y fibras innovadores y clásicos como el algodón reciclado”, añade, en relación a un mercado de fibras sostenibles (orgánicas, sintéticas, recicladas y naturales) que alcanzará los 93.270 millones de dólares (79.199,3 millones de euros) en 2025, según el estudio Eco Fiber Market Analysis by Product, de Grand View Research.

 La fundadora de Habbitus, María Zabala, que acaba de lanzar su marca de athleisure señala que “a diferencia de lo que pensábamos, ahora vamos en bicicleta al trabajo y no en naves espaciales, lo que supone que cada vez debemos llevar ropas más cómodas para realizar esta actividad para ir a la oficina”.

En su caso, han desarrollado un tejido propio, llamado Fit Touch, que se fabrica también con un hilo propio llamado Aquarius Nylon 6.6, que transporta la humedad y está compuesto por un 26% de elastano y un 84% de poliamida. “Parece algodón, pero tiene iones de plata que lo hacen antibacteriano”, entre otras cosas.

“Hay empresas que están incluyendo cosméticos en la ropa, como cremas anticelulíticas, y después de 200 lavados ya no tiene esas propiedades pero sigue siendo una malla perfecta”, destaca Zabala, sobre un aspecto que considera de vital importancia: la sostenibilidad gracias a los materiales, pero también a la duración de las prendas.

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