Al paso de un negocio imparable

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Pocas veces se habla de uno de los más fieles compañeros de compras que existen, testigo de una rutina en la que invertimos, al menos, 55 minutos a la semana. Todos tenemos una licencia adquirida para manejarlo, aunque a veces los choques y los atascos en los pasillos más concurridos sean inevitables. El carrito de supermercado se mantiene, así, estable y silente ante la revolución de un mercado en constante cambio. Sin embargo, se convierte en un útil punto de análisis a la hora de medir el comportamiento del consumidor en su hábitat natural.

El motor de arranque

Todo empezó en 1936. Los años de experiencia como propietario de una cadena de supermercados, permitieron a Sylvan Goldman llegar a la siguiente conclusión: la gente no compraba más porque los cestos no eran lo suficientemente grandes; pero si aumenta su tamaño, estos también serían demasiado pesados una vez llenos. Para solucionar este problema, se le ocurrió poner una cesta encima de una silla plegable con ruedas en las patas. Con eso y un bastón para empujarlo concibió el primer carrito de supermercado.

Un mecánico llamado Fred Young ayudó a Goldman a construir un diseño más sofisticado, con un cuerpo metálico y dos cestas de alambre que se podían poner y quitar.

En un principio, el invento no tuvo demasiado éxito porque las mujeres lo encontraban poco estético, y los hombres lo veían como una confesión pública de falta de fuerza. Entonces Goldman tuvo otra idea: contrató a unos cuantos figurantes, hombres y mujeres, para que se pasearan por sus supermercados con los carritos, simulando que compraban. Y una amable señorita situada en la entrada del establecimiento proponía a los clientes que cogieran un carrito. A partir de entonces, este negocio fue sobre ruedas.

Innovación Tecnológica

El invento de Goldman ha tenido muchas mejoras, pero evolutivamente se ha mantenido prudente ante las innovaciones tecnológicas, correspondiendo al diseño y estructura original, porque ninguna pieza de este vehículo de masas deja pie a la improvisación: Tanto las ruedas como sus rodamientos, inspirados en el mundo de la automoción, están pensadas para sobrevivir a 35,000 compras de media a lo largo de más de una década.

Parecía que la era del comercio electrónico podía poner en peligro este negocio histórico, pero los carritos siguen transitando ajenos a cualquier amenaza del gigante de Amazon, adaptándose poco a poco a las genialidades tecnológicas que anticipan las compras del futuro. Los principales países fabricantes son Estados Unidos, China y Europa. En este último continente, de hecho, se encuentra una de las grandes cunas de este negocio: Leipheim, en Alemania, dónde se producen anualmente más de dos millones de carritos.

Presencia en RD

Miles de ellos llegan a República Dominicana todos los años, de la mano las empresas locales que se ocupan de este negocio.

La empresa Epsilon, representante de la marca Technibilt, vende aproximadamente 15,000 unidades al año. La cantidad de carritos que un supermercado necesita depende de las dimensiones del mismo, según explican desde esta empresa. El volumen habitual de la flota de un supermercado de gran tamaño ronda los 3,000, por tener una referencia.

Los modelos son numerosos y tan adaptables como sean las necesidades del comercio, como apunta Alberto Alonso, presidente de Display Internacional, empresa familiar dominicana dedicada a este negocio desde 1993. Y la elección entre uno u otro depende de tres puntos principales: el corretaje de pasillos, el diseño del supermercado y el número de visitas.

Teniendo en cuenta que un carrito nuevo cuesta unos 100 dólares, desde luego se trata de una partida importante para un comercio. A lo que se suma un coste por mantenimiento: lavado, engrasado, calibrado, alineación de ejes… Toda una parada en ‘boxes’ de un negocio sobre ruedas que parece que no tiene intención de pasar de moda.

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